jueves, 22 de mayo de 2008

EL CAPITAL EN COMIC 13

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miércoles, 21 de mayo de 2008

EL CAPITAL EN COMIC 12

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SOBRE LA TEORIA DEL VALOR 1º PARTE

Para complementar la difusion de EL CAPITAL EN COMIC , comenzamos a publicar esta interesante material que nos permite comprobar que los postulados de MARX se mantienen vigentes a pesar de los cambios a los que se han producido en el capitalismo mundial en los ultimos años.


1 - ¿Por qué una teoría del valor?

por Michel Husson

Dos contribuciones a "El marxismo frente al capitalismo contemporáneo" Cahiers de Critique Communiste, 2004.

1- ¿Por qué una teoría del valor?

La teoría del valor - trabajo está en el centro del análisis marxista del capitalismo. Por lo tanto, es normal comenzar por ella si se quiere evaluar la utilidad de la herramienta marxista para la comprensión del capitalismo contemporáneo. Este debate no es nuevo, y debemos distinguir dos tipos de preguntas: 1) ¿los progresos ulteriores de la ciencia económica no han vuelto caduca la teoría del valor? ; 2) ¿ las nuevas características del capitalismo no la han superado? Mientras respondemos a estos dos tipos de objeciones, nos dedicaremos a mostrar por qué esta referencia teórica es una plomada irremplazable en muchos de los debates actuales.

Lo que dice la teoría del valor

Aquí no se trata de exponer esta teoría en todos sus desarrollos . Después de todo, se la puede resumir muy sucintamente alrededor de esta idea central que es el trabajo humano, única fuente de creación de valor. Por valor, es necesario entender aquí el valor monetario de las mercancías producidas por el capitalismo. Entonces, nos encontramos confrontados a este verdadero enigma, de un régimen económico en el que los trabajadores producen la integridad del valor, pero no reciben más que una fracción bajo la forma de salarios, yendo el resto a la ganancia. Los capitalistas compran los medios de producción (máquinas, materias primas, energía, etc.) y la fuerza de trabajo; producen mercancías que venden y al final de cuentas, se vuelven a encontrar con más dinero que el que han invertido al principio. La ganancia es la diferencia entre el precio de venta y el precio de reventa de esta producción. Esta constatación es la que sirve de definición en los manuales.

Pero el misterio sigue siendo completo. Si compro mercancías en un negocio y trato de revenderlas más caras, no lo lograré, a menos que le robe, de una u otra manera a mi cliente, o que haga contrabando. Pero una sociedad no puede estar fundada por mucho tiempo en el engaño y el desvío. Por el contrario, el capitalismo funciona normalmente a partir de una serie de intercambios iguales, en un momento dado, el capitalista paga los suministros y a sus asalariados a precio de mercado. Salvo situación excepcional, el asalariado recibe una retribución de su trabajo conforme al "precio de mercado", aún cuando, por la lucha social, busque aumentar ese precio.

Es alrededor de esta cuestión, absolutamente fundamental, que Marx abre su análisis del capitalismo en El Capital. Antes de él, los grandes clásicos de la economía política, como Adam Smith o Ricardo, procedían de otra manera, preguntándose qué era lo que regulaba el precio relativo de las mercancías: ¿por qué, por ejemplo, una mesa vale el precio de cinco pantalones? Rápidamente, la respuesta que se impone es la de decir que esta relación de 1 a 5 refleja más o menos el tiempo de trabajo necesario para producir un pantalón o una mesa. Esto es lo que podríamos llamar la versión elemental del valor - trabajo. Luego, estos economistas - a los que Marx llama "clásicos" y a los que respeta (a diferencia de otros economistas, a los que bautiza como "vulgares") - buscan descomponer el precio de una mercancía. Además del precio de los suministros, este precio incorpora tres grandes categorías: la renta, la ganancia y el salario. Esta forma "trinitaria" parece muy simétrica: la renta es el precio de la tierra, la ganancia el precio del capital y el salario, el precio del trabajo. De allí la siguiente contradicción: por un lado, el valor de una mercancía depende de la cantidad de trabajo necesaria para su producción; pero, por el otro, no incluye más que salario. Esta contradicción se complica cuando se hace notar, como lo hace Ricardo, que el capitalismo se caracteriza por la formación de una tasa general de ganancia, dicho de otro modo, que los capitales tienden a tener la misma rentabilidad, cualquiera sea la rama en que son invertidos. Ricardo fracasará ante esta dificultad.

Marx propone su solución, que es, a la vez, genial y simple (al menos a posteriori). Aplica a la fuerza de trabajo, esta mercancía un poco particular, la distinción clásica, que hace suya, entre valor de uso y valor de cambio. La idea es la siguiente: el salario es el precio de la fuerza de trabajo que es socialmente reconocido en un momento dado como necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo. El salario es, entonces, el precio de la canasta de consumo medio del asalariado. Desde este punto de vista, el intercambio entre el vendedor de fuerza de trabajo y el capitalista es, en regla general, una relación igual. Pero la fuerza de trabajo tiene esta propiedad particular - es su valor de uso - de producir valor. El capitalista se apropia la totalidad de este valor producido, pero no paga más que una parte, porque el desarrollo de la sociedad hace que los asalariados puedan producir durante su tiempo de trabajo un valor más grande que el que van a recuperar en forma de salario. Hagamos como Marx, en las primeras líneas de El Capital, y observemos a la sociedad como una "inmensa acumulación de mercancías" todas producidas por el trabajo humano. Se pueden hacer dos partidas con esto: la primera partida está formada por bienes y servicios de consumo que regresan a los trabajadores; la segunda partida, que comprende a los bienes llamados "de lujo" y los bienes de inversión, corresponden a la plusvalía. El tiempo de trabajo del conjunto de esta sociedad puede, a su vez, ser descompuesto en dos: el tiempo consagrado a producir la primer partida es llamado por Marx trabajo necesario, y el plustrabajo es el que se consagra a la producción de la segunda partida.

Esta representación es bastante simple, en el fondo, pero, para llegar a ella, evidentemente hay que tomar un poco de distancia y adoptar un punto de vista social. Es precisamente este paso atrás el que es difícil de hacer porque la fuerza del capitalismo es proponer una visión de la sociedad que hace una larga serie de intercambios iguales. Contrariamente al feudalismo, en donde el plustrabajo era perceptible físicamente, se tratase de entregar una cierta proporción de la recolección o de ir a trabajar un cierto número de días por año a la tierra del señor, esta distinción entre trabajo necesario y plustrabajo se vuelve opaca en el capitalismo, por las modalidades del reparto de riquezas y por una división social del trabajo muy profunda.

martes, 20 de mayo de 2008

EL CAPITAL EN COMIC 11

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domingo, 18 de mayo de 2008

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viernes, 16 de mayo de 2008

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UNA ULTIMA OPORTUNIDAD PARA LA CIVILIZACION

LA HOJA VOLADORA te acerca este interesante articulo extraido de REBELION , ya que los temas relativos al medio ambiente nos interesan sobremanera y mas cuando se relacionan directamente con las actuales problematicas economicas mundiales que nos toca vivir , y que no estan para nada desconectadas del conflicto agropecuario que vive nuestro pais.

El momento definidor para el cambio climático
Bill McKibben
Tom Dispatch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


El cambio climático – en la forma de un modelo cambiante de las precipitaciones globales – ya parece estar afectando al planeta de maneras significativas. Un ejemplo es la masiva sequía – que ya dura casi una década – en la región vital productora de trigo de Australia, que ha sido un factor importante en el vertiginoso aumento de los precios de la harina en todo el globo, y con ellos del precio del pan, llevando a la desesperación y a disturbios por alimentos en todo el planeta.

Un informe del Buró de Meteorología en Australia deja en claro que, a pesar de recientes fuertes lluvias en la fértil región agrícola del este de Australia, se necesitarían años de lluvias por sobre lo normal para “eliminar los prolongados déficits [de agua]” en la región. El informe luego agrega esta nota inquietante: “La combinación de un calor récord y de una sequía generalizada durante los últimos entre 5 y 10 años en grandes partes del sur y del este de Australia no tiene precedentes históricos y es, por lo menos en parte, un resultado del cambio climático.”

Hay que pensar un poco en esa frase – “no tiene precedentes históricos.” Excepto cuando se trata de invenciones tecnológicas, no ha formado parte de nuestras vidas durante estos últimos siglos. No tiene precedentes históricos. Hay que prepararse, está a punto de llegar a ser un lugar común en nuestro vocabulario. El sudeste de EE.UU., por ejemplo, estuvo durante los últimos años, inmerso en una sequía – que por fin está disminuyendo – que “no tiene precedentes históricos.” En otras palabras, no había nada (repito: nada) en los registros históricos que sirviera de guía para lo que iba a ocurrir.

Ahora bien, es verdad que la revolución industrial, que condujo a la descarga de gases invernadero a la atmósfera en cantidades sin precedentes históricos, tampoco tiene, en cierto sentido, “precedentes históricos,” pero la mayoría de los eventos naturales – a diferencia, digamos, de la actual inmensa fusión de hielos en el Ártico – ha tenido precedentes. Ha formado parte del registro histórico. Esa era – la era de la historia – amenaza sin embargo, con ceder ahora el paso a un período capaz de exceder a la historia en sí, de excedernos a nosotros mismos.

El planeta, en su larga existencia, puede haber experimentado los extremos por venir, pero no nosotros. Puede que el planeta no esté en peligro porque cuenta con millones o decenas de millones de años para recuperarse, a diferencia de gran parte de la vida sobre su superficie, pero nosotros sí lo estamos.

Cuando se piensa realmente en eso, la historia es la humanidad. Es suficientemente común que se hable de algún personaje histórico o experimento fracasado que es tirado al “basurero de la historia,” pero ¿y si también se van la historia y ese basurero,...bueno, a dónde vamos? ¿Qué somos, realmente, sin nuestros antecedentes? Una vez que hemos ido más lejos, más allá de toda la experiencia que hemos reunido, escrito, y archivado desde que esas primeras rayas fueran hechas en tablillas de arcilla en las tierras del Tigris y del Eufrates, - que ahora están siendo despojadas de su patrimonio cultural – aparecen por lo menos dos preguntas sin respuesta: Una vez que la historia muerde el polvo, ¿dónde quedamos nosotros? – y ¿quiénes somos?

Dejo la palabra al incansable ecologista Bill McKibben, con su deseo ardiente de detenernos justo antes del precipicio de la era post-histórica. Tom

El mundo a 350

Una última oportunidad para la civilización

Bill McKibben

Para los estadounidenses, convencidos por su constitución de que siempre habrá un segundo acto, y un tercero, y otra vuelta para volver a intentarlo y, si es necesario, un pequeño arrepentimiento y un perdón públicos y un Comienzo Totalmente Nuevo – incluso para nosotros, el mundo parece ahora mismo como si estuviera en las últimas.

No hablamos solo de economía. No son nuestros primeros soponcios. Es que la gasolina a 4 dólares el galón significa que se nos acaba, por lo menos la materia barata sobre la que se construyó nuestra caótica sociedad. Sucede cuando tratamos de convertir granos en gasolina, se disparan los precios de una barra de pan y provocan disturbios por alimentos en tres continentes. Es que todo está tan inextricablemente vinculado. Es que de repente parece que esos sombríos tipos del Club de Roma quienes, ya en los años setenta, hablaban una y otra vez de los “límites del crecimiento,” pueden haber tenido razón.

De repente no es amanecer en EE.UU., es crepúsculo en el planeta Tierra.

Hay un número – un número nuevo – que subraya con fuerza el problema. Quizás sea el número más importante sobre la Tierra: 350. Como en partes por millón (ppm) de dióxido de carbono en la atmósfera.

Hace unas pocas semanas, el más destacado climatólogo de EE.UU., Jim Hansen de la NASA, sometió un documento a la revista Science junto con varios co-autores. El extracto que llevaba adosado argumenta que – y nunca he leído un lenguaje más fuerte en un documento científico – “si la humanidad desea preservar un planeta similar a aquel en el que se desarrolló la civilización y a aquel al cual se ha adaptado la vida sobre la tierra, la evidencia paleoclimática y el actual cambio del clima sugieren que habrá que reducir el CO2 de los actuales 385 ppm a un máximo de 350 ppm.” Hansen cita seis puntos críticos irreversibles – masivos aumentos del nivel del mar e inmensos cambios en los modelos pluviométricos, entre ellos – que sobrepasaremos si no volvemos pronto a 350; y podría ser que ya hayamos dejado atrás al primero de ellos, a juzgar por la insana fusión del hielo del Ártico del verano pasado.

Es una diagnosis dura. Es como si el doctor te dijera que tu colesterol es de lejos demasiado alto, que si no lo bajas de inmediato, te va a dar un ataque. Así que tomas una píldora, abandonas el queso y, si tienes suerte, vuelves a la zona de seguridad antes de sufrir una lesión coronaria. Es como si se viera que el tacómetro entra a la zona roja y se supiera que hay que sacar el pie del acelerador antes de que se oiga ese estruendo en el frente de tu coche.

En este caso, sin embargo, es aún peor porque no estamos tomando la píldora y estamos dándole al acelerador – y fuerte. En lugar de reducir la velocidad, estamos echándole leña, literalmente. Hace dos semanas llegaron las noticias de que el dióxido de carbono atmosférico había pegado un salto de 2,4 partes por millón el año pasado – hace dos décadas, iba subiendo apenas a la mitad de esa velocidad.

Y, repentinamente, llega la noticia de que la cantidad de metano, otro potente gas invernadero, que se acumula en la atmósfera, ha comenzado también a aumentar inesperadamente. Al parecer, nos las hemos arreglado para calentar el extremo norte lo suficiente como para comenzar a fundir inmensos trozos de permafrost y masivas cantidades de metano atrapado debajo comienzan a borbotar.

Y no hay que olvidar que China está construyendo más plantas energéticas; India está a la vanguardia con el coche a 2.500 dólares, y los estadounidenses están pasando a televisiones del tamaño de parabrisas que chupan combustible aún más rápido.

Y ahí estamos. Hansen no dijo sólo eso, que si no hacemos nada nos estamos metiendo en un buen lío; o que, por si todavía no sabemos lo que es mejor para nosotros, estaríamos ciertamente mejor bajo 350 ppm de dióxido de carbono en la atmósfera. Su frase fue: “... si queremos preservar un planeta similar a aquel en el que se desarrolló la civilización.” Un planeta con miles de millones de personas que viven cerca de esas líneas costeras tan inundables. Un planeta con cada vez más bosques vulnerables. (Este año, un escarabajo, alentado por temperaturas más elevadas, ya se las arregló para matar 10 veces más árboles que en ninguna infestación previa en el extremo norte de Canadá.

Esto significa que hay mucho más carbono camino a la atmósfera y aparentemente condena a la ruina los esfuerzos de Canadá por cumplir con el Protocolo de Kyoto, lo que ya está en duda por su decisión de comenzar a producir petróleo para EE.UU. de las arenas bituminosas de Alberta.)

Somos los que iniciamos el calentamiento; ahora el planeta comienza a hacerse cargo de la tarea. Se funde todo el hielo del Ártico, por ejemplo, por ejemplo, y repentinamente el hermoso escudo blanco que refleja hacia el espacio un 80% de la radiación solar entrante, se convierte en agua azul que absorbe un 80% del calor solar. Retroacciones semejantes van más allá de la historia, aunque no en el sentido en el que pensaba Francis Fukuyama.

Y nos quedan, en el mejor de los casos, sólo unos pocos años para evitar algo – para invertir la dirección. El científico y economista indio Rajendra Pachauri, quien aceptó el año pasado el Premio Nobel en nombre del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC) (y quien, a propósito, obtuvo su puesto cuando el gobierno de Bush, por comando de Exxon Mobil, removió a su predecesor): “Si no hay acción antes de 2012, será demasiado tarde. Lo que hagamos en los próximos dos a tres años determinará nuestro futuro. Es el momento definidor.”

Se supone que en los próximos dos o tres años las naciones del mundo negociarán un tratado sucesor del Acuerdo de Kyoto. Cuando llegue diciembre de 2009, se supone que jefes de Estado convergerán en Copenhague para firmar un tratado – un tratado que entraría en efecto en el último momento plausible para respetar los límites más básicos y cruciales del CO2 atmosférico.

Si hiciéramos todo correctamente, dice Hansen, podríamos ver que las emisiones de carbono comienzan a caer de un modo bastante rápido y los océanos comienzan a extraer parte de ese CO2 de la atmósfera. Antes de fin de siglo incluso podríamos ir en camino hacia 350. Podríamos detenernos justo antes de algunos de esos límites críticos, como Correcaminos frenando justo antes de llegar al borde mismo del precipicio.

Más probable, sin embargo, es que seamos los Coyote – porque “hacer todo correctamente” significa que los sistemas políticos en todo el mundo tendrían que tomar pasos enormes y dolorosos ahora mismo. Significa que no haya más centrales eléctricas a carbón en ninguna parte, y que haya planes para cerrar rápidamente las que ya están en actividad. (Las centrales eléctricas a carbón que operan tal como se espera que lo hagan son, en términos de calentamiento global, tan peligrosas como las plantas nucleares que se funden.) Significa hacer que las fábricas de coches produzcan el próximo año híbridos eficientes, tal como hicimos que produjeran tanques en seis meses cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial. Significa que los trenes se conviertan en una prioridad absoluta y los aviones en un tabú.

Significa que se tome cada decisión prudentemente porque tenemos tan poco tiempo, tan poco dinero, por lo menos en relación con la tarea que se nos presenta. Y lo más duro de todo: significa que los países ricos del mundo compartan libremente recursos y tecnología con los más pobres, para que puedan desarrollar vidas dignas sin quemar su carbón barato.

Es posible – una vez lanzamos un Plan Marshall, y podríamos hacerlo de nuevo, esta vez en relación con el carbono. Pero parece poco probable en un mes en el que el presidente nos ha instado, una vez más, a hacer perforaciones en el Refugio Nacional de la Vida Silvestre del Ártico. Es difícil de imaginar en un mes en el que la atrayente frase “vacaciones del impuesto a la gasolina” llegó alegremente a nuestro vocabulario, (aunque fue alentador ver que el truco de Clinton no persuadió a muchos votantes). Y si es difícil imaginar sacrificios aquí, imaginemos a China, donde la gente genera per capita un cuarto del carbono que producimos nosotros.

A pesar de todo, mientras no sea imposible, tenemos el deber de intentarlo. De hecho, es algo como el deber más obvio que los seres humanos hayan enfrentado.

Acabamos de lanzar una nueva campaña: 350.org. Su único objetivo es difundir este número en todo el mundo en los próximos 18 meses, a través del arte y la música y jaleos de todo tipo, en la esperanza de que impulse esas negociaciones post-Kyoto hacia la realidad.

Después de todo, esas negociaciones son nuestra última posibilidad; no podemos lograrlo apagando una bombilla de alumbrar a la vez. Y si esta campaña 350.org es un pase desesperado, bueno, a veces esos pases llegan a destino.

Tenemos una cosa a nuestro favor: Este nuevo instrumento, la Red que, por lo menos, permite que nos imaginemos algo como un esfuerzo global desde la base. Si Internet fue hecho para algo, fue para compartir este número, para hacer que la gente comprenda que “350” representa un tipo de seguridad, un tipo de posibilidad, un tipo de futuro.

Las palabras de Hansen fueron bien escogidas: “un planeta similar a aquel en el que se desarrolló la civilización.” La gente indudablemente sobrevivirá en un planeta sin 350, pero es posible que la civilización no lo haga, porque todo el mundo estará tan preocupado enfrentando las interminables consecuencias no intencionadas de un planeta sobrecalentado.

La civilización es lo que crece en los márgenes del esparcimiento y la seguridad provistos por una relación factible con el mundo natural. Ese margen no existirá, por lo menos no durante mucho tiempo a más de 350. Es el límite que enfrentamos.

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Bill McKibben es un profesor visitante en Middlebury College y cofundador de 350.org. Su libro más reciente es “The Bill McKibben Reader.”

Copyright 2008 Bill McKibben



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jueves, 15 de mayo de 2008

EL CAPITAL EN COMIC 7

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miércoles, 14 de mayo de 2008

EL CAPITAL EN COMIC 6

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FRASES CELEBRES DEL MAYO FRANCES

Estas son algunos de los slogans que se podian leer en los graffitis callejeros durante los dias de la protesta estudiantil:

Il est interdit d'interdire.
Prohibido prohibir.

L'imagination au pouvoir.
La imaginación al poder.

Ce n’est qu’un début, continuons le combat
Esto no es más que el principio, continuemos el combate

L'ennui est contre-révolutionnaire.
El aburrimiento es contrarrevolucionario

Pas de replâtrage, la structure est pourrie.
No le pongas parches, la estructura está podrida

Nous ne voulons pas d'un monde où la certitude de ne pas mourir de faim s'échange contre le risque de mourir d'ennui.
No queremos un mundo donde la garantía de no morir de hambre supone el riesgo de morir de aburrimiento.

Ceux qui font les révolutions à moitié ne font que se creuser un tombeau.
Los que hacen las revoluciones a medias no hacen más que cavar sus propias tumbas.

On ne revendiquera rien, on ne demandera rien. On prendra, on occupera.
No vamos a reivindicar nada, no vamos a pedir nada. Tomaremos, ocuparemos.

Plebiscite : qu'on dise oui qu'on dise non il fait de nous des cons.
Plebiscito: Votemos a favor o en contra, nos hará idiotas.

Depuis 1936 j'ai lutté pour les augmentations de salaire. Mon père avant moi a lutté pour les augmentations de salaire. Maintenant j'ai une télé, un frigo, un VW. Et cependant j'ai vécu toujours la vie d'un con. Ne négociez pas avec les patrons. Abolissez-les.
Desde 1936 he luchado por subidas de sueldo. Antes de mí, mi padre luchó por subidas de sueldo. Ahora tengo una tele, un frigorífico y un Volkswagen. Y, sin embargo, he vivido siempre la vida de un gilipollas. No negociéis con los patrones. Abolidlos.

Le patron a besoin de toi, tu n'as pas besoin de lui.
El patrón te necesita, tú no necesitas al patrón.

Travailleur: Tu as 25 ans mais ton syndicat est de l'autre siècle.
Trabajador: Tienes 25 años, pero tu sindicato es del siglo pasado.

Veuillez laisser le Parti communiste aussi net en en sortant que vous voudriez la trouver en y entrant.
Haz el favor de dejar al Partido Comunista tan limpio al salir de él como te gustaría encontarlo entrando en él.

Je suis marxiste tendance Groucho.
Soy un marxista de la tendencia de Groucho.

Soyez réalistes, demandez l'impossible.
Seamos realistas, exijamos (hagamos) lo imposible.

On achète ton bonheur. Vole-le.
Están comprando tu felicidad. Róbala.

Sous les pavés, la plage.
Bajo los adoquines, la playa.

Autrefois, nous n'avions que le pavot. Aujourd'hui, le pavé.
En otros tiempos, sólo teníamos adormideras. Hoy, las calles.

L'âge d'or était l'âge où l'or ne régnait pas. Le veau d'or est toujours de boue.
La Edad de Oro era la edad en que el oro no reinaba. El becerro de oro está siempre hecho de barro.

La barricade ferme la rue mais ouvre la voie.
La barricada cierra la calle, pero abre la vía.

Il n'y aura plus désormais que deux catégories d'hommes : les veaux et les révolutionnaires. En cas de mariage, ça fera des réveaulutionnaires.
De ahora en adelante, sólo habrá dos clases de hombres: los borregos y los revolucionarios. En caso de matrimonio, esto producirá "borregolucionarios".

Le desordre c'est moi.
El caos soy yo

Dans une société qui a aboli toute aventure, la seule aventure qui reste est celle d'abolir la société.
En una sociedad que ha abolido toda aventura, la única aventura que resta es abolir la sociedad

L'humanité ne sera heureuse que le jour où le dernier bureaucrate aura été pendu avec les tripes du dernier capitaliste.
La humanidad no será feliz hasta el dia que el último burócrata sea ahorcado con las tripas del último capitalista

Oubliez tout ce que vous avez appris. Commencez par rêver.
Olvídense de todo lo que han aprendido. Comienzen a soñar

POSTEADO POR ALBERTO

martes, 13 de mayo de 2008

EL CAPITAL EN COMIC 5

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A 40 AÑOS DEL MAYO FRANCES


La Hoja Voladora recupera la mirada de dos historiadores y científicos sociales que abordan con singular profundidad, pese a los rasgos distintivos, la incontenible energía social que desató el año 1968 en el centro del sistema capitalista y cuya magnitud encendió luces de alarma en la clase dominante. Es pues desde la óptica de ambos científicos posible echar luz sobre este hito de la historia del siglo xx, veamos el siguiente resumen:

I

Eric Hobsbawm*

“¿Cómo hay que explicar el siglo xx corto, es decir, los años transcurridos desde el estallido de la primera guerra mundial hasta el hundimiento de la URSS, que, como podemos apreciar retrospectivamente, constituyen un período histórico coherente que acaba de concluir? Ignoramos qué ocurrirá a continuación y cómo será el tercer milenio, pero sabemos con certeza que será el siglo xx el que le habrá dado forma.”. .

“Si hubo algún momento en los años dorados posteriores a 1945 que correspondiese al estallido mundial simultáneo con que habían soñado los revolucionarios desde 1917, fue en 1968, cuando los estudiantes se rebelaron desde los Estados Unidos y México en Occidente, a Polonia, Checoslovaquia y Yugoslavia en el bloque socialista, estimulados en gran medida por la extraordinaria erupción del mayo de 1968 en París, epicentro de un levantamiento estudiantil de ámbito continental.”

“El motivo por el que 1968 (y su prolongación en 1969 y 1970) no fue la revolución, y nunca pareció que pudiera serlo, fue que los estudiantes, por numerosos y movilizados que fueran, no podían hacerla solos. Su eficacia política descansaba sobre su capacidad de actuación como señales y detonadores de grupos mucho mayores pero más difíciles de inflamar. Desde los años sesenta los estudiantes han conseguido a veces actuar así: precipitaron una enorme ola de huelgas de obreros en Francia y en Italia en 1968, pero, después de veinte años de mejoras sin paralelo para los asalariados en economías de pleno empleo, la revolución era lo último en que pensaban las masas proletarias. No fue hasta los años ochenta, y eso en países no democráticos tan diferentes como China, Corea del Sur y Checoslovaquia, cuando las rebeliones estudiantiles parecieron actualizar su potencial para detonar revoluciones, o por lo menos para forzar a los gobiernos a tratarlos como un serio peligro público, masacrándolos a gran escala, como en la plaza de Tiananmen, en Pekín. Tras el fracaso de los grandes sueños de 1968, algunos estudiantes radicales intentaron realmente hacer la revolución por su cuenta formando bandas armadas de terroristas, pero, aunque estos movimientos recibieron mucha publicidad (con lo que alcanzaron por lo menos uno de sus objetivos principales), rara vez tuvieron una incidencia política seria.”

No obstante, todo esto nos deja con una pregunta un tanto desconcertante: ¿por qué fue este movimiento del nuevo grupo social de los estudiantes el único de entre los nuevos o viejos agentes sociales que optó por la izquierda radical? (dejando a un lado las revueltas contra regímenes comunistas) incluso los movimientos estudiantiles nacionalistas acostumbrados a poner el emblema rojo de Marx, Lenin o Mao en sus banderas, hasta los años ochenta.”

(…)

“El simple estallido numérico de las cifras de estudiantes indica una posible respuesta. El número de estudiantes franceses al término de la segunda guerra mundial era de menos de 100.000. Ya en 1960 estaba por encima de los 200.000, y en el curso de los diez años siguientes se triplicó hasta llegar a los 651.000 (Flora, 1983, p. 582, Deux Ans, 1990, p. 4). (En estos diez años el número de estudiantes de letras se multiplicó casi por tres y medio, y el número de estudiantes de ciencias sociales, por cuatro). La consecuencia más inmediata y directa fue una inevitable tensión entre estas masas de estudiantes mayoritariamente de primera generación que de repente invadían las universidades y unas instituciones que no estaban ni física, ni organizativa ni intelectualmente preparadas para esta afluencia. Además, a medida que una proporción cada vez mayor de este grupo de edad teniendo la oportunidad de estudiar -en Francia era el 4 por 100 en 1950 y el 15,5 por 100 en 1970-, ir a la universidad dejó de ser un privilegio excepcional que constituía su propia recompensa, y las limitaciones que imponía a los jóvenes (y generalmente insolventes) adultos crearon un mayor resentimiento. El resentimiento contra una clase de autoridades, las universitarias, se hizo fácilmente extensivo a todas las autoridades, y eso hizo (en Occidente) que los estudiantes se inclinaran hacia la izquierda. No es sorprendente que los años sesenta fueran la década de disturbios estudiantiles por excelencia. Había motivos concretos que los intensificaron en este o en aquel país -la hostilidad a la guerra de Vietnam (o sea, al servicio militar) en los Estados Unidos, el resentimiento racial en Perú (Lynch, 1990, pp. 32-37)-, pero el fenómeno estuvo demasiado generalizado como para necesitar explicaciones concretas ad hoc.

Y sin embargo, en un sentido general y menos definible, este nuevo colectivo estudiantil se encontraba, por así decirlo, en una situación incómoda con respecto al resto de la sociedad. A diferencia de otras clases o colectivos sociales más antiguos, no tenían un lugar concreto en el interior de la sociedad, ni unas estructuras de relación definidas con la misma; y es que ¿cómo podían compararse las nuevas legiones de estudiantes con los colectivos, minúsculos a su lado (cuarenta mil en la culta Alemania de 1939), de antes de la guerra, que no eran más que una etapa juvenil de la vida de la clase media? En muchos sentidos la existencia misma de estas nuevas masas planteaba interrogantes acerca de la sociedad que las había engendrado, y de la interrogación a la crítica sólo hay un paso. ¿Cómo encajaban en ella? ¿De qué clase de sociedad se trataba? La misma juventud del colectivo estudiantil, la misma amplitud del abismo generacional existente entre estos hijos del mundo de la posguerra y unos padres que recordaban y comparaban dio mayor urgencia a sus preguntas y un tono más crítico a su actitud. Y es que el descontento de los jóvenes no era menguado por la conciencia de estar viviendo unos tiempos que habían mejorado asombrosamente, mucho mejores de lo que sus padres jamás creyeron que llegarían a ver. Los nuevos tiempos eran los únicos que los jóvenes universitarios conocían. Al contrario, creían que las cosas podían ser distintas y mejores, aunque no supiesen exactamente cómo. Sus mayores, acostumbrados a épocas de privaciones y de paro, o que por lo menos las recordaban, no esperaban movilizaciones de masas radicales en una época en que los incentivos económicos para ello eran, en los países desarrollados, menores que nunca. La explosión de descontento estudiantil se produjo en el momento culminante de la gran expansión mundial, porque estaba dirigido, aunque fuese vaga y ciegamente, contra lo que los estudiantes veían como característico de esa sociedad, no contra el hecho de que la sociedad anterior no hubiera mejorado lo bastante las cosas. Paradójicamente, el hecho de que el empuje del nuevo radicalismo procediese de grupos no afectados por el descontento económico estimuló incluso a los grupos acostumbrados a movilizarse por motivos económicos a descubrir que, al fin y al cabo, podían pedir a la sociedad mucho más de lo que habían imaginado. El efecto inmediato de la rebelión estudiantil europea fue una oleada de huelgas de obreros en demanda de salarios más altos y de mejores condiciones laborales.”.

* Eric Hobsbawm, es un reputado historiador marxista inglés profesor en la Universidad de Londres y es una de las voces más escuchada en los claustros académicos.

Fragmento transcripto de la obra HISTORIA DEL SIGLO XX, Cap. La Revolución Social, 1945-1990, ap. II.

II

Inmanuel Wallerstein*

(…)

“¿Cuándo comenzó esta crisis? La génesis de un fenómeno es siempre el asunto más debatible en el discurso científico. Uno siempre puede encontrar antecedentes y preanuncios a casi todo en el pasado inmediato, pero también en el pasado lejano. Un posible momento en que comenzar la historia de la crisis sistémica contemporánea es la revolución mundial de 1968, la que sacudió considerablemente las estructuras del sistema-mundo. Esta revolución mundial marcó el fin de un largo período de supremacía liberal, desarticulando por lo tanto la geocultura que había mantenido las instituciones políticas del sistema-mundo intactas.El impacto cultural de 1968 desestabilizó el dominio automático del centro liberal, el cual había prevalecido en el sistema.mundo desde la anterior revolución mundial de 1848. La derecha y la izquierda se vieron libres de su función como avatares del liberalismo centrista y fueron capaces de afirmar, o mejor dicho, reafirmar sus valores más radicales. El sistema-mundo había entrado en el período de transición, y tanto la derecha como la izquierda estaban decididas a sacar ventajas del caos reinante para asegurar que sus valores prevalecieran en el nuevo sistema (o sistemas) que emergería, eventualmente, de la crisis


Junto con el debate sobre el racismo, sería difícil pasar por alto la ubicación central de la sexualidad en la revolución mundial de 1968. Ya sea que hablemos de políticas relacionadas con el género o con las preferencias sexuales, y eventualmente con la identidad transgénero, el impacto de 1968 fue el de llevar al frente lo que había sido una lenta transformación de las conductas sexuales en el medio siglo anterior y permitirle explotar en la escena social mundial, con enormes consecuencias para la ley, las prácticas de las costumbres, para las religiones y para los discursos intelectuales.

Los movimientos antisistémicos tradicionales habían enfatizado en primer término los temas de poder estatal y estructuras económicas. Ambos temas habían retrocedido en la retórica militante de 1968 frente al espacio ocupado por cuestiones de raza y sexualidad. Esto presentaba un problema real a la derecha mundial. Los temas geopolíticos y económicos eran más sencillos para la derecha mundial que los socioculturales. Esto era debido a que la posición de los liberales centrista, quienes eran hostiles a cualquier desmantelamiento de las instituciones políticas y económicas básicas de la economía-mundo capitalista, pero eran simpatízantes latentes, aunque no militantes, de los cambios sociopolíticos preconizados por los militantes de las revoluciones de 1968 (y posteriores). Como resultado, la reacción pos 1968 fue una división, por un lado de los poderes establecidos por restaurar el orden y resolver algunas de las dificultades inmediatas resultantes de la disminución del margen de ganancia y en la otra una contrarrevolución cultural de base más restringida pero mucho más activa. Es importante distinguir los dos temas y por ende los dos tipos de alineamientos estratégicos. “

(…)

“Los años posteriores a 1945 fueron pues un período de gran optimismo. El futuro económico aparecía brillante, y los movimientos populares de toda índole parecían estar logrando sus objetivos. Y en Vietnam, un pequeño país que luchaba por su independencia, parecía mantener a raya al poder hegemónico, los Estados Unidos. El sistema-mundo nunca se había visto tan bien para tanta gente, un sentir que tuvo un efecto excitante, pero a la vez un efecto muy estabilizador.

Sin embargo, existía una gran desilusión subyacente respecto, precisamente, de los movimientos en el ámbito del poder. El segundo paso de la fórmula de dos pasos -cambiar el mundo- parecía en la práctica estar mucho más lejos de ser realizado que lo que la mayoría de la gente había anticipado. A pesar del crecimiento económico total del sistema-mundo, la brecha entre el centro y la periferia había crecido más que nunca. Y a pesar de la llegada al poder de los movimientos antisistémicos, el gran entusiasmo participativo del período de movilización parecía muerto una vez que los movimientos antisistémicos accedían al poder en un estado dado. Aparecieron nuevos estamentos de privilegio. Ahora, se le pedía a la gente común que no efectuara demandas militantes sobre lo que se aseguraba era un sistema de gobierno que los representaba. Cuando el futuro devino en presente, muchos ardientes militantes previos de los movimientos comenzaron a replantear sus ideas, y eventualmente comenzaron a disentir.

Fue la combinación de un descontento de larga data sobre el funcionamiento del sistema-mundo y la desilusión respecto a la capacidad de los movimientos antisistémicos de transformar al mundo que llevó a la revolución mundial de 1968. Las explosiones de 1968 contenían dos temas repetidos virtualmente en todas partes, independientemente del contexto local. Uno era el rechazo al poder hegemónico de los Estados Unidos, simultáneamente con una queja hacia la Unión Soviética, el presunto antagonista de Estados Unidos, la cual parecía en connivencia con el orden mundial que los Estados Unidos habían establecido. Y el segundo era que los movimientos antisistémicos tradicionales no había cumplido sus promesas una vez que llegaron al poder. La combinación de estas dos quejas, largamente repetidas, constituyó un terremoto cultural. La multitud de levantamientos parecía un fenix y no consiguió elevar al poder a los múltiples revolucionarios de 1968, al menos no por mucho tiempo. Pero legitimaron y fortalecieron el sentimiento de desilusión no sólo con los antiguos movimientos antisistémicos sino también con las estructuras estatales que estos movimientos habían fortalecido. Las certezas a largo plazo de la esperanza evolutiva se había transformado en temor de que el sistema-mundo fuera inmutable.

Este giro en los sentimientos de la población mundial, lejos de reforzar el statu quo, retiró el apoyo político y cultural a la economía-mundo capitalista. Los oprimidos del mundo ya no estaban más seguros de que la historia estaba de su lado. Ya no podrían ser entonces satisfechos con mejoras graduales, en la creencia que darían fruto para sus hijos y nietos. Ya no podrían ser convencidos de posponer las quejas del presente en nombre de un futuro beneficioso. En suma, los múltiples productores del sistema-mundo capitalista habían perdido el principal estabilizador oculto del sistema, el optimismo de los oprimidos. Y esta pérdida llegó en el peor momento posible, cuando la reducción de las ganancias comenzaba a hacerse sentir de manera pronunciada.”

* Inmanuel Wallerstein, sociólogo, historiador y cientista social de EEUU, graduado en la Universidad de Columbia, Director del Centro Fernand Braudel para el Estudio de Economías, Sistemas Históricos y Civilizaciones de París. Este reconocido historiador pertenece a la escuela de pensamiento denominada Sistemas-Mundo que asocia a Marx y Rosa Luxemburgo a modelos tomados de la antropología económica para explicar la génesis del subdesarrollo y de la dependencia del tercer mundo.

Fragmento transcripto de la obra ANALISIS DE SISTEMAS-MUNDO. U na introducción, Cap. 5

El Sistema-Mundo Moderno En Crisis: Bifurcación, Caos y Opciones.

POSTEADO POR MIGUEL

lunes, 12 de mayo de 2008

EL CAPITAL EN COMIC 4

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Continuara mañana...

domingo, 11 de mayo de 2008

EL CAPITAL EN COMIC 3

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Continuara mañana....

sábado, 10 de mayo de 2008

Segunda entrega de EL CAPITAL en comic

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viernes, 9 de mayo de 2008

Proyecto de Ley sobre bioetica

El pasado jueves 24 de abril, durante la última sesión extraordinaria de la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe, el Diputado Provincial del Frente Progresista Cívico y Social, Dr. Mario Drisun, presentó un proyecto de Ley que tiene como objeto el de regular la protección integral de las personas que prestan su consentimiento paras ser sujetos de investigación biomédica.

Dicha Ley se encuentra fundamentada en el hecho de que la relación que mantienen la investigación científica con la sociedad se ha ido modificando permanentemente; modificaciones que en los últimos tiempos se han acelerado y que resultan evidentes en el campo de la salud y la enfermedad. En efecto, los logros de la medicina científica en los últimos tiempos ha permitido prolongar el promedio de vida en todo el mundo, la disminución o desaparición de causas frecuentes de enfermedad y muerte y terapias eficaces para mejorar la calidad de vida de los portadores de enfermedades crónicas.

A la par de estos logros, se fue incrementando la importancia de la investigación biomédica. A través de diversas normas internacionales se fueron regulando los avances en este campo, una de las más importantes fue realizada en 1996 por el Consejo de Organizaciones Internacionales de Ciencias Médicas en colaboración con la Organización Mundial de la Salud. Estas normas señalaban que “todas las investigaciones con sujetos humanos deben realizarse de conformidad con tres principios éticos fundamentales: respeto por las personas, beneficencia y justicia”.

El respeto por las personas comprende el respeto por su autonomía, por su capacidad de discernimiento entre las opciones personales de que disponen, exigiéndose el consentimiento informado de quienes participan en una investigación, y la protección de las personas con deficiencias o disminución de su autonomía y, por lo tanto, más vulnerables.

La beneficencia, por su parte, se refiere a la obligación de incrementar al máximo los beneficios y reducir al mínimo los daños y perjuicios. De este principio surge la necesidad de exigir que los riesgos de la investigación sean razonables en consideración con los beneficios esperados, que la investigación sea sensata y que los investigadores reúnan la idoneidad suficiente para llevar a cabo su tarea.

Finalmente, la justicia se refiere a la obligación ética de dar a cada persona lo que le corresponde, en una concepción de justicia distributiva propicia un reparto equitativo de las cargas y los beneficios de quienes participan en la investigación.

En este sentido, la Ley de Bioética pretende crear un marco jurídico (ante el vacío legislativo nacional y provincial) en el que se contemplen estos objetivos, teniendo como ejes fundamentales al individuo y a la sociedad.

Como fue mencionado anteriormente, la Ley pretende garantizar la máxima protección a las personas en la realización de las investigaciones biomédicas. Esto se operativizará a través de una serie de mecanismos e instituciones como por ejemplo:

Se establece una definición amplia de investigación biomédica con la finalidad de extender la protección de las personas a los nuevos campos de la investigación.

Se determinan los sujetos que participan en forma directa o indirecta en una investigación biomédica.

Se exige el consentimiento informado de los potenciales voluntarios, detallándose los mecanismos y formalidades requeridas, así como la posibilidad de desistimiento.

Se fijan condiciones restrictivas para ser aceptados como voluntarios a los integrantes de aquellos grupos particularmente necesitados de protección, o en los que es más difícil objetivar la libre voluntad de las personas.

Se impone como obligación del patrocinador, equipo de investigación, Comité Independiente de Ética de Investigación y/o autoridad institucional donde se realiza una investigación, informar a la autoridad de aplicación sobre cualquier situación que produzca resultados no esperados, alteración, suspensión o interrupción anticipada de la investigación.

La autoridad de aplicación será el Ministerio de Salud de la Provincia, por ser el aspecto jerárquico la protección de las personas. Se le determinan funciones específicas relativas a la investigación biomédica, especialmente decidir sobre la autorización o rechazo de toda investigación biomédica que pretenda realizarse en el territorio de la Provincia, previa aprobación del protocolo de investigación emitido por un Comité Independiente de Ética de Investigación. Debe, además, implementar un Registro Provincial de las Investigaciones Biomédicas.

En el ámbito del Ministerio de Salud se crea el Consejo Asesor para la Investigación Biomédica en seres humanos. Se prevé para este Consejo una integración de seis miembros como mínimo, tres designados por el Poder Ejecutivo, uno por la Universidad Nacional del Litoral, uno por la Universidad Nacional de Rosario y uno por los Comités Independientes de Ética de Investigación, debiendo garantizarse su competencia, idoneidad y responsabilidad en todos los aspectos biomédicos, éticos, sociales, sicológicos y jurídicos de la investigación. Entre sus funciones se encuentran las de formular una política provincial de investigación estableciendo prioridades acordes con las necesidades sociales y sectoriales; clasificar las investigaciones en salud según las prioridades que requieran la población y su nivel de riesgo; asesorar al Ministerio de Salud en lo concerniente al desarrollo, control y evaluación de las investigaciones biomédicas; asistir, supervisar y auditar los Comités Independientes de Ética de Investigación.

Se requiere que todo establecimiento o institución de salud, del sector público o privado, donde se realice cualquiera de las investigaciones biomédicas previstas en la ley, debe contar con el funcionamiento continuo de un Comité Independiente de Ética de Investigación.

Se determinan las responsabilidades de los patrocinadores de una investigación y/o de los investigadores, y se les impone la obligación de contratar un seguro suficiente.

Ante infracciones a la presente ley que puedan merecer penalidades previstas en la legislación de fondo, será la autoridad de aplicación la responsable de efectuar la correspondiente denuncia.

jueves, 8 de mayo de 2008

El Capital en comic

Comenzamos a publicar a partir de hoy esta version de EL CAPITAL , de CARLOS MARX , llevado para su facil divulgacion al formato de comic . Sabemos que el comic o historieta a sido considerado siempre injustamente como un arte menor , muchas veces subvalorado , pensamiento que por supuesto no compartimos los integrantes de LA HOJA VOLADORA, por lo que habiendo accedido a este material preparado para los movimientos socialistas europeos nos parecio oportuno hacerlo conocer mediante una publicacion diaria. Esperamos que sea de su agrado(Click sobre la imagen para ampliarla).

Inflación y Recesión


Crónica de la Desigualdad

El capitalismo en su actual etapa llamada “globalización” enfrenta retos de integración social que se ponen de manifiesto cíclicamente a través de severas crisis que toman forma inicialmente en el sistema financiero para luego trasmitirse a la denominada economía real sumergiendo en la pobreza y la pauperización a los sectores más vulnerables de la sociedad, por ejemplo, luego de la crisis desatada en 2001 con la caída de las Torres Gemelas la economía de EEUU, pese al crecimiento, no ha podido recuperar el índice de pobreza previo al atentado con 30 millones de pobres.

La actual crisis del sistema económico mundial a diferencia de las anteriores tiene epicentro en la tríada -Samir Amin-. Japón, el emergente “ejemplar” de los ´80 lleva diez años de estancamiento atascado en un sesgo de cierta incapacidad para reeditar la senda del crecimiento; Europa, luce un avance anémico aún con la ampliación del mercado común dada la incorporación del vasto mercado de los países del este; EEUU se debate herido de muerte, exánime intenta con sus últimos zarpazos eludir la fatalidad, el inminente ingreso en recesión que se manifiesta en la devaluación alarmante, por la magnitud de su depreciación, del dólar.

En este complejo contexto del sistema capitalista globalizado marcado por la inestabilidad y la incertidumbre que despierta la crisis en la economía de los países centrales el gobierno nacional ha encontrado los límites a la soberbia de la invulnerabilidad. La creciente demanda internacional, explicable por el ciclo virtuoso de la economía mundial, eleva los precios de las materias primas que alcanzan valores récord, aparece eficiente para tensionar las contradicciones del enfoque económico: incentivar las exportaciones que alimentan la renta de los grupos concentrados a costa del aumento interno de los precios de la canasta familiar y concomitantemente potenciar la exclusión social, o, restringir las exportaciones para favorecer el consumo de los sectores asalariados y medios protegiendo el mercado interno a expensas de los intereses de aquellos grupos.

¿Qué causas generan la inflación?.

Esta aparece cuando se desata la lucha entre el capital y el trabajo por el ingreso o dicho en otros términos por el reparto de la renta nacional. “¿Qué otra cosa es el tema en la constante gritería sobre la amenaza de la inflación, invocada tan frecuentemente por Alan Greenspan y sus compinches en Alemania y Gran Bretaña?. Si se lee lo que dicen, la causa potencial de este monstruo terrible que se llama inflación es que los trabajadores puedan obtener salarios más altos o que los gobiernos puedan gastar más, y por tanto recaudar todavía más impuestos.” (Wallerstein, I, 2006). La ley de la declinación de la tasa de ganancia en el proceso de acumulación de capital explica la lucha por la renta con los asalariados. En su intento de burlar los efectos de la ley el capital intensifica la explotación del trabajo como recurso para conservar la proporción de la ganancia por la extracción de la plusvalía del asalariado. De ahí que el alza ganada por los salarios se transfiere a los precios de los productos para neutralizar el aumento de costos. Al mismo tiempo el mayor gasto social del gobierno se traduce en presión contributiva sobre las empresas que deben mayores tributos. Esta combinación de causas -salarios y tributos- que inciden en los costos se trasladan directamente a los precios de las mercancías, pues, es la forma que adopta el capital para oponerse al recorte de ganancias en el proceso de acumulación de capital inherente al funcionamiento del sistema capitalista.

La persistencia de la inflación a generado dos consecuencias letales para la estrategia económica del gobierno. Por una parte, ha aumentado la cantidad de pobres en el último año en 1,3 millones alcanzando el índice exhibido previo a la crisis de 2001 con 30,3 % ascendiendo a 11,8 millones de personas -Diario Crítica 23.04.08-, dato que obligará a aumentar el gasto social con la contrapartida de la merma del consumo de este sector traducido en menor recaudación. Por otro lado, se ha socavado el tipo de cambio reduciéndose la balanza comercial -diferencia entre exportaciones e importaciones- perjudicando la competitividad de la industria nacional y no tardaría en resonar sobre el mercado laboral frenando la caída del desempleo -Diario El Cronista Comercial 25.04.08-.

Este ominoso cuadro hace contacto con el acelerado aumento de la deuda nacional en el último año en u$s 10.454 millones alcanzando los u$s 123.197 millones, es decir el 52% del PBI -Diario Crítica 20.03.08- y sin computar la deuda impaga con la cual ascendería a u$s 150.000 millones. Igual porcentaje que al momento de la crisis del 2001, si bien con plazos de vencimiento más largo.

En síntesis, todo el sacrificio insumido desde el colapso de la convertibilidad con la devaluación del Peso para superar la crisis del 2001 parece haber caído en saco roto y el esfuerzo social en vano. En estas circunstancias los logros obtenidos -baja de desempleo, recuperación del salario y haberes jubilatorios, canje de deuda, etc- están amenazados revelándose la estructura de precario equilibrio socioeconómico del país que carga con una acuciante desigualdad bastante para agrietar la cohesión social y que se reproduce en esa sensación de inestabilidad política que lo acecha.

POSTEADO POR MIGUEL

martes, 6 de mayo de 2008

DIA DEL TRABAJADOR

Este post tendria que haberse publicado dias atras, pero por razones tecnicas fue imposible hacerlo. De todos modos los socialistas sabemos que los trabajadores no deben recordarse solo un dia ya que ellos son el motor del desarrollo humano y de la sociedad ,por lo que saludamos a todos ellos con esta cronica de los hechos que desencadenaron la instauracion deL 1º DE MAYO como DIA INTERNACIONAL DEL TRABAJADOR.

Las jornadas de trabajo alcanzarían 12, 14 y hasta 16 horas diarias. La mano de obra se pagaría, escandalosamente, barata. Mujeres y niños extenuados, jamás conocieron los días de descanso. La fuerza de trabajo de los emigrantes, también, y sobre todo, se cancelaría con sueldos miserables. Entre tanto, las factorías norteamericanas llenaban sus arcas. El 1ro de Mayo de 1886 cinco mil empresas de ese país quedaron paralizadas. En Chicago, 80 mil obreros cerraron fábricas y muelles. La Avenida Michigan se lleno de obreros en ropa de domingo. La solicitud era clara: 8 horas para trabajar; 8 horas para descansar y 8 horas para hacer lo que nos dé la gana, la regalada gana. 500 mil obreros, en todo Estados Unidos, estarían en huelga.

Precisamente, en la fábrica Mc Cormick, la policía soltó sus balas contra la multitud. El saldo: 6 muertos y decenas de heridos. Entre la indignación, la bronca y la lluvia una multitud se congregaría en la plaza Haymarket. Era el 4 de Mayo. El mitin se proclamó pacífico y legal. La historia nos dice que un comunicador social, de origen alemán, Augusto Spies, tomaría la palabra. El dirigente obrero, Albert Parsons, también expresaría su verbo encendido.

Una súbita explosión arrancaría la vida de un policia; otros resultaron heridos. Esa agresión sería producida por las misma policía. La arremetida de la guardia contra la multitud sería a plomo cerrado. 38 muertos y 200 heridos. Aquella cruenta represión destruyó imprentas, realizaría allanamientos, en grandes cantidades, y apresaría a no pocos manifestantes. En Chicago se declaró el Estado de Sitio. La prensa industrial masiva editó esta perla: "para estos vagos harapientos, la mejor comida es una carga de plomo en el estómago".

Alegar una conspiración extranjera sirvió de pretexto dramático para inculpar a los emigrantes. Las clases dominantes se juntaron para pedir a coro la cabeza de la subversivos. Los anarquistas, también, serían acusados. Los dirigentes de aquella poderosa protesta: Augusto Spies, Alberto Parsons, Adolfo Fischer, George Engel, Luis Lingg, Michael Schwab y Samuel Fielden, fueron sentenciados a muerte. El 11 de Noviembre de 1887 se ejecutaría la sentencia. En el patio de la cárcel, una vez más, estaban presentes las horcas. Los condenados cantarían, a todo pulmón, la Marsellesa. Sus tumbas, en el cementerio de Wladheim, siempre tienen rosas rojas. Media década después, en el año 1893, se revisaría el proceso. Los testigos fueron comprados, la provocación contra la policía había sido ordenada por el mismo capitán y el procurador escogió a dedo el jurado.

La opinión del juez sería demasiado contundente: "Tal atrocidad no tiene precedentes en la historia". La Segunda Internacional Socialista reunida en París, en el año de 1889, aprueba el 1 de Mayo como el Día del Trabajador. Las últimas palabras de Augusto Spies, periodista alemán, constituyen una verdadera historia del futuro: ¡Llegará un tiempo en que nuestro silencio será más elocuente que las voces de los que hoy ustedes estrangulan!